De la incertidumbre a la felicidad: El milagro social que mantiene vivas las aulas y las sonrisas en el Colegio LEKGS
Para el imaginario común, la etiqueta de “colegio privado” es sinónimo de opulencia. La realidad del Colegio LEKGS era diametralmente opuesta. Con familias compuestas en su mayoría por trabajadores independientes (veterinarios, psicólogos) y solo 30 estudiantes cuyos padres eran empleados de Colanta, la caja era mínima.
“Comenzamos a construir con muy pocos recursos. No veíamos al colegio como una empresa; lo nuestro es pasión, amamos ser maestros”, relata la profe Gloria.

El panorama era desgarrador:
Sueldos de subsistencia: Los docentes recibían quincenas de apenas $250.000 pesos.
Puertas cerradas: Al ser una entidad privada, no aplicaban a subsidios estatales tradicionales.
Una deuda asfixiante: A mitad de año, la institución acumulaba más de 80 millones de pesos en deudas de arriendo, nóminas atrasadas y compromisos bancarios.
La sentencia de la contadora fue contundente: “Profe, o empieza a recortar personal o se declara en insolvencia económica”. El consejo directivo vio la quiebra como la única salida. La profe Gloria, en medio de la tristeza, se enfrentaba a la dolorosa decisión de despedir a sus maestros o cerrar definitivamente las puertas del sueño de su vida.
El aliado inesperado que llegó tocando la puerta

Comfenalco Antioquia, llega para apoyarlos en sus pausas activas
Antes de la crisis final, una presencia constante había empezado a cambiar la dinámica del colegio. Aunque la institución estaba afiliada a otra caja de compensación, los asesores de Comfenalco Antioquia tocaban a su puerta con frecuencia, de manera desinteresada.
Primero fueron boletas para sus parques recreativos; a los tres meses, un patrocinio para el Festival de la Trova organizado por el plantel. En agradecimiento a esa cercanía y servicio sin condiciones, la directiva del colegio tomó una decisión: trasladar su afiliación a Comfenalco. No sabían que esa acción se convertiría en su salvación.

Habilidad motriz de gatear.
En 2019, Comfenalco abrió la posibilidad de otorgar auxilios educativos y becas para aquellos estudiantes cuyos padres estuvieran afiliados a la caja. Se sembró la semilla, pero el agua llegó en el momento más crítico.

El día del “Milagro”
“Estaba sentada en mi cama, sumida en la preocupación, cuando empezaron a llegar unas notificaciones de consignación al celular: Comfenalco Antioquia. ¿Y esto qué es? Y empezaron y empezaron…”
El milagro económico y social se materializó en segundos. Comfenalco, que a principio de año había aprobado 18 becas para los niños de la institución, decidió ampliar el beneficio a 64 becas de auxilios educativos en el momento de mayor vulnerabilidad del colegio.
El ingreso de esos recursos inyectó el capital necesario para saldar las deudas, garantizar los salarios de los 13 colaboradores de la institución y evitar el cierre definitivo de LEKGS.

Una narrativa indispensable para la región
Como fiel devota del Señor de los Milagros, la profe Gloria no duda en atribuir este rescate a una fuerza superior que operó a través de la responsabilidad social de la Caja de Compensación: “Comfenalco se convirtió en mi milagro. No sé de dónde salió ni por qué nos encontraron, pero nos salvó de cerrar”.
Esta historia demuestra que el impacto de la transformación social no se mide únicamente en las grandes corporaciones de 500 empleados; se siente con igual o mayor fuerza en las microempresas de 13 trabajadores que sostienen el tejido educativo y comunitario de Antioquia. Comfenalco estuvo ahí, demostrando que cuando se junta la pasión por educar con el respaldo institucional correcto, el valor que se crea es incalculable.

Héroes de la vocación: El equipo docente que resistió la crisis para mantener vivo el sueño del Colegio LEKGS
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