Caminar le devolvió la vida y hoy es un héroe ambiental: La historia de un guardián de Corantioquia que inspira
“Caminar me devolvió la vida”. Con esa frase llena de gratitud, convicción y esperanza, Luis Eduardo Garcés Aguirre resume una transformación que parece sacada de un libro de milagros, pero que ocurrió en las verdes montañas de Caldas, Antioquia.
Hace cinco años, enfrentado a una delicada condición de salud, Luis decidió refugiarse en las trochas y senderos como una alternativa de sanación natural. Lo que comenzó como un esfuerzo personal paso a paso terminó sorprendiendo a los propios médicos, quienes al ver su increíble recuperación le retiraron toda la medicación. Hoy, esa misma devoción por el territorio lo convirtió en uno de los Guardianes para la Vida de Corantioquia, transformando su camino personal en una misión colectiva por el medio ambiente.
Un “20 de 10” en cuidado ambiental y servicio comunitario
Cada semana, la jornada de este guardián empieza a bordo del transporte veredal de su municipio para ascender a las zonas más elevadas de la reserva natural. Allí emprende extensas caminatas de entre 8 y 9 kilómetros por ruta. Lejos de ser un simple observador de la naturaleza, Luis realiza una rigurosa labor de campo:
- Limpieza y mantenimiento: Recoge residuos a su paso, revisa exhaustivamente las bocatomas y despeja los cauces de agua para garantizar el flujo hídrico.
- Control en territorio: Verifica minuciosamente que las actividades extractivas con permisos ambientales operen estrictamente bajo la norma, velando por que no invadan las zonas protegidas.
- Educación y sensibilización: Llega a las escuelas rurales de las veredas La Chuscala y El Raizal para enseñar a niños y adultos la importancia de proteger los recursos naturales.
Aunque se vinculó formalmente a la corporación en febrero de este año, se expresa y actúa con la destreza de un técnico experimentado gracias a su preparación autónoma, lectura constante y escucha activa. Esa pasión no pasa desapercibida entre los campesinos y líderes locales, quienes no dudan en calificar su labor como un contundente “20 de 10”.
Un ejército verde conectado por la vida en Antioquia
El trabajo de don Luis en Caldas refleja el impacto transformador de una estrategia institucional mucho más amplia. Junto a él, 57 Guardianes para la Vida recorren diariamente la geografía antioqueña, adentrándose en bosques profundos y abriendo caminos para conectar a las comunidades rurales con los servicios y profesionales de Corantioquia.
En solo siete meses de gestión, los resultados de este equipo en el territorio marcan un precedente histórico:
- 50.000 kilómetros recorridos a través de cerca de 3.600 rutas ambientales.
- 8.300 personas sensibilizadas en diferentes municipios de la jurisdicción.
- 883 reportes de fauna silvestre, visibilizando especies de vital importancia como barranqueros, mariposas, iguanas, tangaras, serpientes y guacharacas.
- 36 reportes de flora invasora, un insumo clave para la gestión y restauración de los ecosistemas locales.
El desafío actual: Frente al cambio climático y el cuidado del agua
En la actualidad, este valioso grupo concentró sus esfuerzos en una prioridad urgente: capacitar a las poblaciones rurales y urbanas sobre la prevención frente al Fenómeno de El Niño y la conservación responsable de las fuentes de agua.
Historias como la de Luis Eduardo Garcés en Caldas o la de Luz Marina Rojas en Liborina demuestran que la protección ambiental va más allá de un compromiso institucional; es una vocación de vida que construye comunidad, protege los recursos de todos y demuestra que la comunicación con propósito se vive en cada rincón del territorio.




