Conectividad ambulante
Nos criamos en barrios, en unas zonas de casas distribuidas linealmente donde era común tener cerca una tienda y escuchar diariamente al vendedor ambulante que sin megáfono se hacía sentir con su oferta: “claro y mazamorra”, “se repara la de presión”, “los chorizos”, “empanadas”, “se arregla la licuadora”, en fin. Después de habitar en otro contexto social, el de edificaciones y apartamentos, sin tienda cercana, hace varios años volví a la vida de barrio que, aunque distinta a la de crianza, conserva rasgos tradicionales pero adaptadas a los tiempos modernos, en los cuales el vendedor ambulante no camina si no que anda en moto, en carro o lleva algo distinto que vender.
Hace poco pasó uno que me recordó a los de antes, más por la capacidad para hacerse oír que por el producto que ofrece, que es de la modernidad y no lo carga en un costal, ni en una bolsa, ni en bandeja o charol, ni en el morral, porque es un intangible indispensable: tal como los de antes, duro y sin titubear, el joven vendedor pasó diciendo “internet con claro”.
Por: Douglas Balbin
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