Naguara: De un tráiler a conquistar Bogotá con sabor venezolano
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Por: Melisa Estrada/meli.tastes
Hay proyectos que nacen por necesidad… y otros que nacen del corazón. Naguara es un poquito de ambos. Una historia real, sin filtros, de esas que empiezan desde cero y se construyen con trabajo, constancia y mucho sabor.
Detrás de Naguara hay una pareja venezolana que llegó a Bogotá hace más de 12 años con un sueño claro: salir adelante. Y aunque al principio todo empezó como un ingreso alterno, mientras José trabajaba en una empresa de tecnología, lo que no sabían era que estaban sembrando algo mucho más grande.
Todo comenzó en un tráiler vendiendo arepas. Así, sin glamour, pero con sazón y ganas. Poco a poco, fueron conquistando paladares… y lo más lindo: personas. Hoy no solo tienen clientes, tienen amigos fieles que los acompañan desde el día uno. Porque cuando la comida es buena y el trato es real, eso se queda.
El camino no fue fácil (spoiler: nunca lo es). Emprender les enseñó lo que nadie te cuenta: la importancia de la constancia, la disciplina, la resistencia mental cuando las cosas no salen como esperas, y lo retador que puede ser manejar un equipo mientras equilibras familia, negocio y vida personal. Pero si algo los define es que nunca se rindieron.

En 2015 decidieron apostarlo todo por Naguara. José dejó su trabajo y juntos se dedicaron 100% al negocio. Días largos, trabajo duro, pero siempre con una visión clara: construir un futuro en el país que les abrió las puertas.
Y sí, el nombre lo dice todo. “Naguara” es una expresión venezolana que transmite sorpresa, emoción… y personalidad. Exactamente lo que sientes cuando pruebas sus platos.
Porque si hay algo que tienes que probar sí o sí, es su Cachapa con Chicharrón y la icónica Reina Pepiada. Sabores que no solo llenan, sino que cuentan historias.
Hoy, después de más de 11 años, Naguara sigue creciendo, innovando y reinventándose. Han llegado a tener hasta 7 marcas diferentes, demostrando que su creatividad no tiene límites. Pero su enfoque sigue siendo el mismo: mantenerse, generar empleo y seguir ofreciendo lo mejor a quienes los apoyan.

Y hay algo que lo hace aún más especial: su amor por Bogotá. Aquí construyeron su hogar, nacieron sus hijos y formaron su familia. Esta ciudad no solo los recibió… los vio crecer.
Naguara no es solo un restaurante. Es esfuerzo, familia, migración, sueños cumplidos y sabor venezolano servido con orgullo.
Y si algo queda claro es que cuando se cocina con el corazón… se siente en cada bocado.
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