Las ventajas de implementar un sistema de slow feeding en los establos de caballos.

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Esta alimentación se convierte en una estrategia viable para el cuidado de los animales, que simula la forma natural en la que se alimentan.

El slow feeding es una alternativa en la alimentación de los caballos, que le apuesta a la simulación de la forma de comer en estado de libertad, mejorando sustancialmente su aporte energético.

Su objetivo es que los caballos coman lentamente durante largos periodos de tiempo, a través de una serie de elementos como redes, en las que se mantiene el heno a una altura establecida.

Esta alimentación lenta se convierte en una estrategia viable para el cuidado de los animales que, además de simular la forma natural en la que se alimentan a través del pastoreo, aporta grandes beneficios para su sistema digestivo.

La alimentación lenta favorece a llevar al animal un poco más a su realidad. Sus principios se basan en dificultar el acceso al forraje, fuente principal nutricional, con el fin de que le cueste más o menos la misma estrategia que él necesitaría si estaría en campo abierto”, destacó Javier Enrique Garcés Cárdenas, docente de Nutrición y Alimentación Animal, de la Universidad de Córdoba.

A través de sacos de lona, tanques plásticos, o elementos que se vendan en el mercado que favorezcan este tipo de alimentación, el caballo tendrá la posibilidad no solo de contar con una herramienta que imite su ambiente natural, sino que le aporte beneficios para su organismo.

Su uso hace que el animal termine desarrollando una cantidad de estímulos que favorecen su actividad digestiva, como la liberación de enzimas y de jugos gástricos con mayor efectividad”, manifestó Cárdenas.

Además, su implementación motiva los distintos músculos relacionados con la forma de procesar el alimento, como la masticación baja, generando un mayor triturado del material y, por ende, una mejor digestión.

La mayoría de las veces, los sistemas de estabulación traen consigo la formación de comportamientos negativos que inciden en la salud de los equinos. Estas actitudes, además de afectar la calidad de vida de los mismos, provocan grandes gastos económicos para sus dueños, que se pueden solventar a través de esta metodología.

Uno de los beneficios que trae el slow feeding es el ahorro económico en el alimento. El heno destinado para su dieta básica no se es desperdiciado, contrario a lo que ocurre en los establos al quedar esparcido en el suelo, lo que provoca que se pudra y cause enfermedades en los equinos.

Al estar sumergido en una red, se puede llevar a cabo un monitoreo constante de los índices y cantidades que está consumiendo diariamente el caballo, además de que se vuelve una técnica que reduce sustancialmente el tiempo empleado por el dueño para su alimentación.

“Para el propietario termina siendo benéfico porque cuando están confinados en espacios reducidos, se es proclive a que padezcan de episodios de estrés, y con él, trastornos comportamentales y digestivos. El slow feeding se convierte en una práctica adecuada a implementar para los caballos”, concluyó Cárdenas.

Por: AGRONEGOCIOS

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