Xi Jinping se perpetúa en China rodeado de sus hombres de confianza y sin sucesor a la vista.

Tras el escarnio al expresidente Hu Jintao en el Congreso del Partido Comunista, ninguno de sus aliados figura en la nueva cúpula del régimen.

Una vez coronado como el dirigente más poderoso de China desde Mao, Xi Jinping se perpetúa en el poder rodeándose solo de sus hombres de confianza y sin un sucesor a la vista. Así lo confirma la composición de la nueva cúpula del régimen, el Comité Permanente del Politburó resultante del XX Congreso del Partido Comunista. Tras su dramática clausura del sábado, en la que el expresidente Hu Jintao fue sacado a la fuerza de la reunión en un episodio que recordó a las purgas del pasado, no se esperaba a ninguno de sus aliados en la nueva cúpula.

Aunque había muchas quinielas con los posibles candidatos, lo único que estaba claro era la continuidad como secretario general de Xi Jinping, quien ha roto la norma de retirarse tras diez años en el puesto y seguirá como número uno. Detrás de él, seis cargos con cuatro a renovar por haber superado la edad oficial de jubilación, 68 años, que sin embargo no se aplica a Xi ni a alguno de sus más estrechos colaboradores.

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Como manda la tradición, los ‘siete magníficos’ de China comparecieron este domingo tras la primera sesión plenaria del Comité Central elegido en el Congreso del Partido Comunista. Sus 203 miembros escogieron a los 24 del Politburó, de los que salen los siete del Comité Permanente. Entre ellos, y como ya se preveía, ningún aliado de Hu Jintao o Li Keqiang procedente de la Liga de las Juventudes Comunistas. Aunque se barajaba el nombre de Hu Chunhua para el Comité Permanente, finalmente se cayó incluso del Politburó, al parecer por propia renuncia tras el incidente con Hu Jintao.

Ante un grupo de medios seleccionados, entre ellos ABC, los siete integrantes del todopoderoso Comité Permanente del Politburó se presentaron en el majestuoso Salón Dorado del Gran Palacio del Pueblo, una estancia más amplia que el estrecho Salón Oriental de cónclaves anteriores para que hubiera más espacio y menos riesgo de Covid. Bajo una enorme expectación, y entre los aplausos de los periodistas, la comitiva encabezada por Xi Jinping salió de uno de sus enormes portones laterales, que llegan hasta el techo, revelando el orden jerárquico de la nueva cúpula.

Mientras Xi avanzaba por la alfombra roja saludando a los presentes, su séquito le seguía por la alfombra roja que bordeaba las columnas doradas en dirección al estrado colocado en el centro de la sala, aplaudiendo también. Para posar ante las cámaras, allí se colocaron con Xi Jinping en el centro y los demás, alterándose a su izquierda y derecha dependiendo de su rango. Desde un atril de madera tras el que pendía una bandera roja con la hoz y el martillo, los presentó uno a uno entre sus reverencias ante el público.

Los elegidos
Como número dos se sitúa Li Qiang, secretario del Partido Comunista en Shanghái. A sus 63 años, se perfila como el elegido para sustituir en marzo al actual primer ministro, Li Keqiang, quien se retirará en la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular. A pesar del desastroso confinamiento por coronavirus de Shanghái en primavera, que duró más de dos meses, Xi Jinping lo ha premiado por su contundencia para imponer confinamientos y restricciones. Todo un presagio de que la estricta política de Covid 0 seguirá vigente en China a pesar del creciente malestar social y su impacto en la economía, de la que suele encargarse el primer ministro.

A continuación, figura como número tres Zhao Leji, quien repite en el Comité Permanente por tener 65 años y ser uno de los más estrechos aliados de Xi Jinping. Como responsable hasta ahora de la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria, Zhao ha llevado a cabo una feroz campaña anticorrupción que ha purgado a buena parte de los rivales internos de Xi, entre ellos los partidarios del anterior presidente, Hu Jintao. Tradicionalmente, el número tres suele presidir la Asamblea Nacional Popular, el Parlamento orgánico del régimen.

En el cuarto puesto aparece Wang Huning, quien también estaba en el anterior Comité Permanente y escala una posición. De 67 años, es el ideólogo del autoritarismo del Partido Comunista chino y viene acuñando las principales consignas de los tres últimos presidentes. La primera fue la triple representatividad de Jiang Zemin, que permitió al Partido aglutinar a los empresarios; luego le siguió el concepto científico del desarrollo que pregonó Hu Jintao, y ha terminado con el rejuvenecimiento de China que abandera Xi Jinping. A pesar de estos lazos con sus dos antecesores, Wang es un habilidoso y discreto politólogo que ha sabido sobrevivir a varias administraciones y, según algunos expertos, se postula para presidir la Asamblea Nacional.

En quinto lugar entra Cai Qi, de 66 años y secretario del Partido en Pekín. Colaborador de Xi cuando dirigió la industrial provincia costera de Zhejiang, se lució con la magnífica organización de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno celebrados en febrero en la capital china. Lo curioso es que Cai, que ha conseguido evitar un confinamiento total por Covid como el que sufrió Shanghái, esté por debajo del secretario en esa ciudad.

El penúltimo puesto lo ocupa Ding Xuexiang, de 60 años y otro viejo amigo Xi Jinping desde que ambos coincidieran en Shanghái. Como director de la Oficina General del Partido, hace de jefe de gabinete del presidente chino y su número dos fue a quien Xi llamó el sábado para que se llevaran a Hu Jintao de la clausura del Congreso.

Cierra esta cúpula Li Xi, secretario del Partido en la próspera región industrial de Cantón (Guangdong) y antes en Liaoning. De 66 años y amigo personal de Xi Jinping, dirigirá la Comisión Central para la Inspección Disciplinaria, que se ha erigido en una de sus armas más eficaces para dominar el Partido sin oposición.

Precisamente, en este aspecto incidió Xi en su discurso de presentación, en el que advirtió de que «en el camino adelante, tenemos que presionar siempre con la reforma propia». A su juicio, «un partido político solo puede volverse invencible si se compromete con la auto-reforma incluso aunque tenga un glorioso pasado», lo que hace prever un reforzamiento todavía mayor de la ideología en China. Pero, sin olvidar su papel como segunda potencia global, recordó que «China no puede desarrollarse aislada y el mundo no puede desarrollarse sin China». Insistiendo en su compromiso con la reforma económica y la búsqueda del alto crecimiento, prometió que «China abrirá sus puertas aún más». Pero, debido a las restricciones fronterizas y de movimientos del Covid 0, no dijo cuándo. Y ni una palabra tampoco sobre el episodio con Hu Jintao, cuya salida forzada del Congreso no aparece en los medios chinos y de la que nadie ha visto nada ni sabe nada.

Por: ABC