Pedro Claver Téllez, un periodista aferrado a sus crónicas.

Por Martha Lucía Díaz

El domingo 16 de octubre del 2022 falleció en Bogotá el periodista y escritor Pedro Claver Téllez. Unos meses atrás realizamos la presente nota.

A sus cuatro libros y 81 años, el periodista Pedro Claver Téllez no tiene donde vivir, salvo en las bibliotecas donde lo dejan investigar y escribir y en el hotel por horas, donde arruma sus recuerdos en el centro de Bogotá.

Pedro Claver, todavía dedica su tiempo a escribir crónicas de trasfondo trágico, un tema que lo ha caracterizado en todas sus obras, porque desde muy joven siempre le gustaron esas historias que involucran policías, agentes de la mafia, esmeralderos o viejos delincuentes de reconocida trayectoria, que a través de los años ha descrito con detalle, siempre llevando al lector a conocer sus vidas oscuras.

Él no le teme a la muerte, porque piensa que es una realidad y hoy sigue aferrado a la lectura y escribiendo crónicas, a pesar de sus años.

Su mayor riqueza han sido sus libros que han deleitado a cientos de lectores, que lo han seguido con indeclinable lealtad, a pesar de sus angustias económicas, porque a veces no tiene para pagar su habitación de hotel en donde ingresa y sale a diario en el centro de Bogotá.

Pedro nació en el pueblo Jesús María, de Santander, uno de los municipios más antiguos de Colombia. Fue el número 19 de los 20 hijos que tuvo su padre con diferentes mujeres y le correspondió llevar por nombre el del sacerdote jesuita español que en la colonia vivió en Cartagena y fue llamado el ‘esclavo de los negros’. Recuerda que su madre apenas tenía 20 años y su padre 62. Pero de esta gran familia solo quedan una hermana en Australia, otra en Miami y un hermano en Bogotá que padece de una enfermedad mental desde muy joven. “Él se imagina cosas, fantasea y cuenta historias. Pero no le hace daño a nadie”, dice Claver.

A pesar de que su padre era un campesino humilde, se deleitaba leyendo a Shakespeare, conocía el Quijote y leía con especial atención las Mil y Una noches. Había leído los ensayos de Montaigne, algo insólito en un campesino, que, en una pared de su casa de adobe, había destinado un lugar especial, para colocar estos libros.

Pedro siguió a su papá y se fue con él, porque tuvieron que salir corriendo ante las amenazas de Juan de la Cruz Varela. Para evitar que su padre muriera, decidieron hacerse amigos cercanos de Varela. Pedro se considera un afortunado con sus historias, ya que lo escuchaba, cuando le llevaba permanentemente los Tabacos “Villamizar”, famosos en aquella época.

Desde entonces comenzó a desarrollar su habilidad para contar historias. Por eso él podía hacer una novela de la realidad. Su primer libro fue sobre Efraín González, el bandolero de los años 60 que murió en una batalla al sur de Bogotá y al final descubrió, que era un pariente lejano.

Pero el cronista en ese momento pensó que primero debía estudiar y descubrió que los autores que le podían servir de inspiración eran William Faulkner y Ernest Hemingway, ambos Premios Nobel. Compró todas las obras de ellos, siendo Faulkner el autor predilecto de García Márquez.

“Yo vivía con mi papá, porque era fanático admirador de él y me gustaba como contaba las historias. Se parecía mucho a los autores que yo leía”, nos contó Claver.

La violencia lo sacó de su pueblo natal. Su padre fue exiliado y se puso a trabajar en una finca de la que era dueño el expresidente Alfonso López Pumarejo, llamada Santa María del Lago, que hoy es un humedal en el occidente de Bogotá. Allí conoció a Alfonso López Michelsen, cuando era muy joven y viajaba a caballo hasta Chapinero, porque de ahí para allá no había carretera ni nada, según cuenta.

Empezó a estudiar varias carreras y no le gustó ninguna. Un día le dijo a su padre que quería trabajar en un periódico y le recomendó que buscara a Hernando Téllez, uno de los columnistas del periódico El Tiempo, muy amigo de los Santos y de Alberto Lleras, colaborador de este diario.

Recuerda como si fuera ayer, que iba al “Automático”, un café en la plazoleta del Rosario en un sótano, donde se daban cita los grandes escritores de la época. Allí se encontraba con León de Greiff, porque le fascinaba oírlo hablar, recitar.

De Greiff vivía en el Barrio Santa Fe y un día le recitó uno de sus poemas y de esta manera se ganó su confianza. Lo llevó a su casa y descubrió que este poeta tenía libros por todas partes.

“Era un templo de la cultura. Nos hicimos muy amigos y comencé a aprender sobre él y a demostrarle que me gustaban sus libros”, dijo Claver.

Un día le contó que quería trabajar como profesor y De Greiff lo recomendó en el colegio Juan Ramón Jiménez, cuando tenía escasos 20 años. Por cierto, allá iban los intelectuales de la época.

A pesar de que le gustaba escribir, Pedro intentó estudiar Economía, en la Universidad de América, se pasó a la Pedagógica, Filología e Idiomas, pero no se sentía realizado. Entonces empezó a indagar en el periodismo.

Se casó en Cali con una mujer de esta ciudad y allí ganó un concurso de crónica Con este dinero compró libros y se fue para México. Allí se volvió fanático de la literatura siciliana y de las historias de la mafia. Después del viaje, encontró un parecido enorme entre los bandidos colombianos y los de allá.

Se fue a Medellín y se hizo amigo de Víctor Gaviria, quien le dio trabajo en la película “sumas y restas”.

Allí se inspiró en su libro “La hora de los Traidores”, contado con las técnicas de la novela policiaca. Es la historia del hermano de Sangre Negra, quien vende a su hermano por 20 mil pesos. Este lo considera una obra maestra de la literatura.

Después de trabajar como profesor varios años, se vinculó al Diario El Occidente de Cali. Allí duró 3 años y fue cuando se fundó el periódico el Pueblo de Cali.

Para entonces ya tenía prestigio como periodista y trabajó con Daniel Samper en este diario, en donde llegó a ser Jefe de Redacción. Pero lo interesante es que participó en la creación de la primera agencia en Colombia, llamada Periodistas Asociados.  Los socios eran Luis Carlos Galán y su esposa Gloria Pachón de Galán, Daniel Samper y Patricia Lara.

No tenía dinero y Daniel Samper le prestó en esa época 10.000 pesos. La agencia se volvió célebre y allí comenzó a abrirse paso como cronista.

Su principal hobby ha sido comprar libros. Llegó a tener 3000 en su biblioteca. Pero los perdió todos cuando se casó con una alemana que no lo dejaba asomarse al mundo y de su casa de campo salió huyendo para regresar a escribir nuevamente. Sencillamente no encontró una ocasión propicia para seguir produciendo sus crónicas.

Desafortunadamente nos cuenta Claver, siempre tuvo mujeres fatales y muy dominantes Por eso fue radical y dijo no más. “Solo quiero dedicarme a escribir en soledad, porque no pude hacerlo acompañado”.

En El Pueblo de Cali estuvo 3 años, fue jefe de redacción y de ahí pasó a Cromos, en donde trabajó con el periodista Roberto Pombo, director del Diario El Tiempo. Luego colaboró ocasionalmente en Semana. “Lo que me ha salvado, es la escritura y la literatura” dijo sonriente. “Verde” es su libro más vendido, el cuál trata de la guerra entre esmeralderos. Y está terminando “con el gallinazo al hombro”, una historia de venganza entre bandidos de la mafia.

“Quiero morir como un escritor, pegado a la literatura, porque siento que todavía tengo muchas cosas que contar”, nos dijo. Pedro a veces para subsistir dicta conferencias o talleres de guión literario y crónica.

Esta es su vida. No le teme a la muerte y desde hace cuatro años vive en un hotel que paga diariamente, porque es poco lo que carga a diario, como desprendido de los bienes materiales. Solo le tiene miedo a adquirir una enfermedad, porque no podría soportar su vida, sin seguir escribiendo.

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