Por: OSCAR DOMÍNGUEZ G.

Uno se puede enamorar a primera vista de un kilovatio. Me sucedió con el Noticiero Todelar, cuyo fundador, don Bernardo Tobón de la Roche, nació hace 103 años, el 19 de abril, en Rionegro, Antioquia.

Hace  décadas llegué a las instalaciones del Noticiero de la Verdad, como se le conoció en una época, en la Avenida 19 con Carrera 5ª., en Bogotá, la esquina del movimiento radial en los dorados años sesenta, donde originaba Radio Continental. La competencia, Caracol, estaba ahí no más, calle 19 abajo.

Traía en mi maleta de viajero superávit de ilusiones,  déficit de ropita, lecturas dispersas, cuatro semestres (perdidos) de periodismo en la Universidad de Antioquia, algo que se llamaba angustia existencial, ni una sola cuartilla escrita, y muchas ganas de pegar el grito de independencia casero.

El recreo se había acabado. Decidí que había que hacer algo con mi vida cuando, en plena huelga universitaria, me ví de pronto con una siniestra piedra en mi diestra mano. “¿Y yo que hago con esta piedra, a quién se la voy a tirar?”, me pregunté.

Comprendí que lo mío no era derrocar el establecimiento. Dejé la piedra en su sitio y deserté de la U. en busca del empleo no encontrado.

Todelar-Bogotá, dirigido a seis manos por el fallecido maestro Gabriel Cuartas Franco,  Antonio Pardo y  el Loco Alberto Giraldo,  me dio un chance laboral bajo el sol, con un espléndido salario mensual de 900 pesos. (¿O serían 800?)

Tengo por el Circuito de los Tobón, con el Viejo Don Bernardo y sus hijos Germán y Benny Júnior, a la cabeza, el amor y el agradecimiento que uno siente por la maestra que nos enseñó las primeras letras. Todavía ando en el aprendizaje.

Ingresé como patinador, como se les dice a los mensajeros de la redacción. Entre las funciones inherentes al  vital cargo, figuraba el arte de cortar cables de las agencias Ap,  Upi y France Press, cambiar las cintas de las máquinas Olivetti, viejas de tanto sudar cuartillas, y subirles las noticias a locutores como Eduardo Aponte. De pronto alguien me mandaba por cigarrillos a la esquina.

En esa radio heroica en la que  cubríamos mil fuentes, no sólo aprendimos leyendo  leades o párrafos de entrada impecables en esas máquinas que escribían “solas”, los teletipos, tan ruidosos que les debo mi oído de polvorero.

También aprendimos del enano Jorge Enrique Pulido, asesinado por la mafia, Alvarito Rodríguez, jefe de redacción, el Loco Harada de San Martín, los célebres hermanitos Eslava que hacían las noticias a cuatro  manos,  el Cabezón Juan Darío Lara, el Negro Jaime Zamora, Martha Montoya, Chucho Martínez, Ivonne Forero, Giraldo Gaitán, Bertulfo Efraín Marín, Fabio Marín, Leonel Fierro, el carasucia Jorge Graciano. Yo ejercía con el alias de Trapito.

La planta regional de reporteros era de maravilla. Incluía directores competentes como Orlando Cadavid, director  de Todelar- Manizales, quien luego dirigiría a RCN nacional y a Colprensa.

Me alegra dar las gracias a la empresa para la cual escribí mis primeras columnas, con el nombre de “La noticia a medias” porque la patrocinaba medias GEF. Desde entonces le guardo fidelidad canina a esa marca.

Gracias, Todelar, por los favores recibidos.

Sentado, Juan Darío Lara Contreras, el Cabezón, jefe de redacción; el Enano Jorge Enrique Pulido, director, Ivonne Forero, Gladys, secretaria de dirección, Fulanita de Tal, secretaria de redacción, Leonel Fierro Trujillo, Leonte; última fila: Rafael Eslava, Odomínguez, Trapito, Fabio Marín Ramirez, alias “Aníbal Farías subteniente Peña”, Gustavo El Muñeco Villamil, Luis Eduardo Eslava, de la redacción judicial como su hermano Rafael…

Ñapa, historia de una renuncia.

LA RENUNCIA

Bogotá, julio 2 del año de gracia de 1.979

Señor

German Tobón Martínez

Gerente Asesor

Sociedad Informativa Nacional,Sinal.

E/S/D

Señor gerente:

Esta nota es una invitación a que me excluya de la nómina más rápido que inmediatamente.

Como por entre un tubo.

Digámoslo en la fraseología ortodoxa: renuncio irrevocablemente a mi curul de redactor del Noticiero Todelar de Colombia.

Acogiéndome a una vieja tradición le pido que acepte mi dimisión a partir del 19 de  julio, cuando debería reintegrarme después de broncearme al sol de Cartagena y al aguardiente de Antioquia.

No me lo pregunta pero le diré:

Jorge Enrique, el director, entendió que el poder es para poder y no para fabricar zanahorias de corte chaparraluno.

Y me sacó de taquito – como lo haría Willington- del viaje a Europa del buen Turbay bueno.

No tanto porque me correspondiera (viajar) por cuanto la empresa es dueña de hacer de su nómina un candelabro, sin sacar de casillas a Analtraradio, claro está.

Sino porque JEP había adquirido, sin nadie pedírselo, el compromiso de “sacrificarse” a favor del palaciego garrapateador de cuartillas, derecho que en la jerga periodística le otorga la facultad de mamarse los discursos y trajes del mandatario de turno.

En fin, los hechos demostraron luego que lo de JEP no era más que una mentira con los ojos azules.

Felizmente, con su complicidad, señor gerente, trasteé mis bártulos reporteriles a Managua donde realicé la faena que más ha alagado a mi miope y narizona vanidad periodística.

Porque creo que hay que jalarle al respetico me doy el ancho. Jorge Enrique hizo lo suyo. Estaba en lo suyo. Yo hice lo mío. Le sugiero concluir el ciclo y remitir ésta a contabilidad y tal.

Para mí fue una repetida ventura y aventura haber camellado allí con tanta gente capaz y bella y en un clima de libertad que no existe en  ningún otro medio del país.

Déjeme deslizar una furtiva lágrima por el trabuco que se va y gozar del que viene.u

No creo que el manual de gerencia le permita dilapidar tiempo en ladrillos dimisorios,  así que, chau.

Atte.,

Oscar Domínguez G.

c/ Xerox, Dirección, jefatura de redacción, cartelera Analtraradio