Viaje a un paraíso llamado Chocó

Fotos: Carlos Villada Duque www.elextramedios.com

 


Lo mejor que pude hacer desde el jueves 27 al 30 de agosto del presente año, fue aceptar la invitación que nos hiciera http://fontur.com.co/  Fondo nacional de Turismo a un grupo de periodistas del país para viajar y conocer  un lugar que desde niño había soñado visitar, pues sabía que allí llegaban las ballenas cada año a dar a luz a sus ballenatos, siempre me había llamado la atención conocer esta parte del Chocó, este olvidado e inmensamente rico departamento color negro, color alegría, color Pacífico.

 

 

Para llegar a Nuquí tomamos un avión en el aeropuerto Olaya Herrera de la ciudad de Medellín, de allí tardamos aproximadamente una hora en avión para arribar a este municipio a orillas del mar pacífico. Alllí somos recibidos por una hermosa negra llamada Paola Mosquera, ella  trabaja con Josefina Klínger, creadora de la corporación Mano Cambiada, una organización de ecoturismo que creó hace Once años, el objetivo de la corporación es  articular las actividades del parque Utría con lo que hacen los habitantes de la región.

En  Nuquía todo trascurre despacio,  sus calles son destapadas; allí conviven las comunidades indígenas y negras, las casas tienen el color del paso del tiempo, sus gentes son cordiales y alegres, de andar pausado, mirada tranquila y la simpatía del Chocó acompañada por el murmullo del mar.

La riqueza paisajística y gastronómica de Nuquí es tan amplia y rica que invita a recorrerla toda con los ojos, los pies, el olfato, los sentidos.

 

 

Sugiero visitar la posada turística http://lajovisena.com, llegar allí toma unos 20 minutos en lancha. La posada se encuentra a la orilla del mar, desde allí se pueden ver los delfines y las ballenas al comenzar el día o finalizar la tarde, aquí se está alejado de todo, se vive la vida a otro ritmo y disfrutas a pleno de la los paisajes, el mar y la comida deliciosa que provee el mar; es un placer degustar las maravillas culinarias que se hacen en toda esta región del pacifico colombiano. Fue un verdadero placer pasar unos días en La Joviseña, disfrutar de sus atenciones, de su cabañas, de su silencio solo interrumpido por la música de la lluvia y las olas del mar.

Hacer el recorrido por el rio Joví es programa obligado, pues sería imperdonable no hacer un viaje en  canoa por sus cristalinas aguas y ricos charcos; otro buen programa es caminar durante una hora por la playa para llegar a Termales, un corregimiento lleno de niños y jóvenes que practican el surfing. Las gentes de este caserío tienen todos los días la felicidad inmediata. Viven sin afanes, sin computadores, sin internet, en paz.

 

 

Recomendados el careteo, pesca y paseos a los corregimientos de Joví, Coquí y Termales, las cascadas del Amor y La Chontadura. En Termales podremos disfrutar de baños en sus calientes y medicinales aguas.

El viaje no podría terminar sin ir a visitar  un paraíso llamado Parque Nacional de Utría http://www.parquesnacionales.gov.co/portal/es/ecoturismo/region-pacifico..., allá podemos disfrutar de naturaleza virgen y las playas limpias. Para llegar allí se hace un recorrido por cerca de una hora en lancha, pero el viaje vale la pena, pues durante el viaje (si lo hacemos entre entre julio y octubre), podremos ver a las ballenas jorobadas que llegan para aparearse en las aguas tibias del Pacífico, de la ensenada. Claro que además de las ballenas, se le suman otras especies migratorias como las tortugas y aves que llegan para crear un calidoscopio de vida, mejor dicho, un gran espectáculo que nos agua los ojos, pues toca de una forma misteriosa nuestras vidas.

 

 

Este es un plan ideal para aquellos que preferimos escaparnos del ruido y sumergirnos en el turismo ecológico, en el parque podemos caminar por un puente de madera que tiene una extensión de 850 metros, cuando sube la marea, esta alcanza una profundidad de unos cuatro metros, ideal para caretear y disfrutar de la riqueza de su vida marina. Este es un lugar bastante húmedo, pues está rodeado de selva, manglares.

Aquí los visitantes pueden quedarse en cabañas muy cómodas y con vista a la ensenada. Venir a Nuquí vale la pena, venir a Nuquí garantiza que harás unos de los mejores viajes de tu vida.

 

 

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