‘Expediente X’, más conspiraciones y mentiras, 25 años después

 

- La undécima temporada se ha estrenado en Fox con toda su mitología intacta

ELPAIS.COM Rocío Ayuso
Los Ángeles 14 ENE 2018 - 15:51 COT

Cuando Expediente X comenzó su andadura en 1993, la expresión fake news ni siquiera existía. En 2002 se despidió, volvió en 2016 y ahora, en su segundo regreso, su trama no puede resultar más de actualidad. Un presidente que echa abajo la labor del FBI, conspiraciones que hacen poner en duda lo que está delante de los ojos, una Administración xenófoba o la construcción de un muro que impida la inmigración. Son todos ellos asuntos candentes en esta undécima temporada de la serie, que Fox acaba de estrenar, pero como sigue siendo Expediente X, siempre hay un giro a la mitología que nació de la mente de Chris Carter donde, por ejemplo, el muro xenófobo es una iniciativa extraterrestre para mantener a los humanos fuera de su espacio.

Otras cosas tampoco han cambiado. Por ejemplo, esa extraña relación de amor y desamor entre los tres cerebros de este fenómeno televisivo que se niega a morir, aunque nadie sabe cómo se mantiene. Duchovny niega que el regreso de este clásico se deba a su insistencia. “Sí es cierto que estoy contento de hacer esta temporada de 10 episodios, porque la anterior (de solo seis) se quedó corta. No pudimos hacer nuestro mejor trabajo”, confirma sobre una temporada que consiguió una media de 13,6 millones de espectadores en EE UU pese a las críticas que se preguntaban si Expediente X encontraría público después de tan larga ausencia. Sin embargo, Anderson, una vez más, ha llegado a su límite. “Y no voy a cambiar de opinión. Sería contraproducente atarme de nuevo a una serie que no me permita la libertad de hacer lo que quiero. Saber que he llegado a mi final como Scully es muy liberador”, dejó claro la actriz en esta entrevista en los estudios Fox de Los Angeles, un lugar que tantas veces ha servido de complemento en el rodaje de una serie filmada principalmente en Vancouver, Canadá.

Horas antes, la actriz grababa su nombre en una de las estrellas del bulevar de Hollywood en reconocimiento a una carrera que comenzó en Expediente X. “Me he pasado más años con David que con cualquier otra relación en mi vida. Lo cual no quiere decir que seamos tan cercanos”, aclara rápidamente. Incluso con Scully prefiere mantener las distancias pese a haberse pasado unas 17 horas diarias, nueve meses al año, metida en su piel. “A veces me es difícil reconciliarme con la mujer que veo en la pantalla. Nunca me veo. Nunca veo a Gillian. Pero me gusta su fuerza, su entereza, su independencia”, añade.

Duchovny tampoco recuerda tanto de estos 11 años como Mulder. Son, de algún modo, una experiencia extracorpórea. “A veces pillo episodios de los 90 en la tele en los que no me veo. Ni recuerdo nada de lo que digo”, se admira. Aún así, se le nota el orgullo de que la serie siga vigente. “Ahora hay más series del mismo género, Stranger Things o Black Mirror me vienen a la cabeza. El mercado es más abierto a este tipo de conspiraciones”, pondera sin perder el tono mordaz. "Quizá la administración Trump ha abonado el campo para hablar de conspiraciones. Con Obama nos fiábamos más de nuestros líderes, pero ahora... todo es posible”, suspira más abnegado que divertido.

La verdad (a veces) está ahí fuera

Gillian Anderson reconoce que, en ocasiones, no es tan fácil explicar la verdad. Por ejemplo, cuando les explicó a sus hijos la boda de su hermana con otra mujer. “Uno de ellos me dejó de una pieza cuando me dijo ‘¿y de dónde vienen los peces?’ Al parecer en una ocasión comparé el esperma con peces que salían de los hombres. Tuve que explicarle que tomarían peces prestados”, se ríe de la conversación más complicada de su vida. Los hijos de Duchovny son algo más mayores (13 y 16 años) y por primera vez están orgullosos del trabajo de su padre. “Mi hija hasta tiene un papelito en el último episodio, así que seguro que lo vemos. Ahora soy un padre que mola”, apostilla.

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