La última carta de Carrasca: se apagó la chispa del trovador Jorge Carrasquilla.

Desde sus primeros días, Q´Hubo radio contó con la dirección musical de Jorge Carrasquilla. FOTO EL COLOMBIANO

El trovador y conductor de radio murió en la madrugada del 19 de junio. Sus años en los escenarios y ante los micrófonos lo hicieron un referente de los paisas.

En la madrugada del 19 de junio, Jorge Carrasquilla –decano de la trova y de la radio antioqueña– sintió un fuerte dolor en el pecho. Una ambulancia tardó en llegar a su casa en El Poblado. Sin aviso alguno, un infarto puso el punto final de una carrera vinculada al humor, la música y el periodismo. En efecto, el nombre y el vozarrón de Carrasquilla —llamado Carrasca por sus amigos— están vinculados con momentos cruciales de los medios paisas de comunicación.

Se pueden aludir varios ejemplos: fue la voz comercial de Wbeimar lo dice, hizo parte de la fundación de La Zaranda y de Q´hubo radio, participó en el elenco del Manicomio de Vargasvil, actuó en el mediometraje Que pase el aserrador, uno de los primeros trabajos audiovisuales de Víctor Gaviria. La suya fue la voz emblema del programa radial Cómo amaneció Medellín. En síntesis, una institución de la cultura popular del departamento.

Carlos Villada Duque –productor de la desaparecida La Zaranda y actual director de Elextramedios– hace hincapié en la virtud de Jorge Carrasquilla para improvisar, para sacarse de la manga una copla o un estribillo que dejaba fuera de combate a su interlocutor. “Su agilidad mental le permitía en plena entrevista coger el tiple para hacer una trova. Era un descreste. Tenía la facilidad de hablar con los políticos y hacerles trovas”.

Jorge fue el presentador de La Zaranda, de RCN radio, en su etapa inicial, en los meses que estuvo en Medellín. Aunque Villada y Carrasquilla se conocían de los tiempos de Wbeimar lo dice, fue en el magacín humorístico, pensado para competirle a La Luciérnaga, donde el vínculo se estrechó. Villada recuerda una escena en particular: en una ocasión, el empresario Carlos Ardila Lülle visitó la cabina mientras trabajaban en La Zaranda. El repentismo de Carrasquilla –la destreza de encontrarle el quiebre a la palabra– dejó asombrados al magnate y a su tropa de guardaespaldas.

El humorista Vargasvil –Crisanto Alonso Vargas– recuerda que Jorge Carrasquilla estuvo en el inicio de su trayectoria en el mundo del espectáculo. Después de una rutina de humor en el auditorio de El Santuario, Carrasquilla y Miguel Ángel Zuluaga –el dueto top de la trova antioqueña de los setenta– invitaron a alguien del público a subirse a la tarima para improvisar con ellos. Al principio nadie se animó a medírsele al desafío. Pasados unos minutos, Vargas se trepó al escenario y respondió con rimas fáciles las líneas de Carrasquilla. Ese fue su bautismo de fuego. Años más tarde, Vargasvil invitaría a Jorge a hacer parte de la nómina del Manicomio. “Su vehemencia, su voz ronca, su carácter, fue un personaje único en la trova”, dice Vargas.

Miguel Ángel Zuluaga –El descachao– fue el compañero de correrías y presentaciones de Jorge Carrasquilla por más de veinte años. El tándem artístico comenzó en los albores de la década del ochenta, en el Festival de la Trova. La picardía mutua los llevó a hacer parte de la plantilla de dos hitos mediáticos de Colombia: ¡Buenas noches, buenas noches!, espacio conducido por Yamid Amat, y Los locos de la risa, el primer programa de humor con el que contó Teleantioquia. “Él era muy buen trovador, tenía mucha chispa, era muy divertido en el escenario. Tuvimos muchas correrías por varías partes”, recuerda Zuluaga.

Luis Alberto Mogollón, ex director de Caracol, tras compartir con él durante más de 30 años de carrera profesional –primero en Radio Reloj y luego en Q’hubo Radio y Caracol– lo define como “una persona muy cercana a la audiencia, muy entregado a su oficio informativo y un apasionado por completo de la radio. También era un excelente lector, lo que unido a lo anterior le otorgaba un excepcional manejo del lenguaje y la expresión oral. Por otra parte, siempre fue muy reservado en sus cuestiones personales y familiares, afirma Mogollón.

Muchos de sus amigos rememoran la reciedumbre de su temperamento. A sus espaldas lo llamaban “Cascarrabias” o “Fosforito”. También rememoran su naturaleza noble, servicial. Aunque se enojara con alguien, después de un cigarrillo las aguas volvían a la normalidad y el humor despuntaba de nuevo. El próximo siete de agosto cumpliría 65 años.

Por: ELCOLOMBIANO