El drama del gota a gota: un arma de doble filo.

Photo taken in Envigado, Colombia

El flagelo del crédito de usura conocido como gota a gota sigue asfixiando a millones de personas en Colombia y América Latina. Las ‘sangrientas’ tasa de interés, que se elevan entre el 10% al 30% mensual, constituyen un problema social y económico que crece en medio de la informalidad y la baja bancarización. Forbes analiza el panorama, las cifras y las posibles salidas.

Millones de dólares se mueven todos los días en las 57 bodegas que están construidas en la Central de Abastos de Bogotá (Corabastos), uno de los principales centros de abastecimiento de alimentos del Colombia. Vías, camiones, coteros, comerciantes y compradores hacen parte de un paisaje que se extiende por más de 440.000 metros cuadrados. Toda una mini urbe que a través de los años se ha convertido en la segunda central de acopio más grande de América Latina, donde reina la informalidad, el efectivo y la baja o poca bancarización. 

Ubicada en el suroccidente de Bogotá, en la localidad de Kennedy, entre los barrios María Paz, Patio Bonito y el Amparo, se estima que a diario son más de 120.000 personas las que se mueven entre esta despensa agrícola. Allí circulan todo tipo de compradores y vendedores, pero también un tercer actor que, aunque pasa desapercibido por muchos, hace parte del panorama: ‘los gota a gota’. Hombres y mujeres al servicio de oficinas clandestinas que ofrecen financiaciones rápidas y con tasas asfixiantes que, tarde o temprano, terminan por ahogar a los pequeños y medianos comerciantes. 

Así lo explica Carlos* un vendedor informal de ahuyama y pepino, quien ha sido testigo de cómo se mueve este negocio a sus anchas por la central mayorista: “Tienen cobradores y recogedores por todo lado. Ellos pueden prestarle dinero desde $100.000 hasta millones. Normalmente pasa que trabajan como por referidos y cobran diario o semanal. Usted los ve y pasan por los puestos cobrando la cuota y lo del día”, explica. 

Los gota a gota, que se mueven en la ilegalidad, hacen parte de uno de los mecanismos de financiación que todavía utilizan cientos de comerciantes y microempresarios de Corabastos. Parte del problema obedece a la incapacidad que tienen para acceder a algún tipo de crédito formal, al nulo historial crediticio o incluso al desinterés de ingresar al sistema financiero. La razón: les huyen a impuestos básicos como el 4×1.000 o la retención en la fuente. 

La falta de información reina y es la que alimenta el músculo financiero con el que trabajan algunas organizaciones que se mueven por esta central y algunos puntos álgidos de la ciudad, como el Barrio María Paz, a pocas cuadras de Corabastos. Basta con solo hacer los cálculos para entender las jugosas ganancias que quedan después de los cobros. Según cuenta Carlos, “dependiendo el cliente”, se cobra el interés. De esta manera, a modo de simplificar, las tasas van desde el 10% hasta el 30% mensual en algunos casos.  Quien toma un préstamo por $1.000.000 al 20%, termina pagando $1.200.000 en 30 días con cuotas diarias de $40.000. En el papel no suena muy lucrativo, pero en la realidad son centenares de cobros los que se realizan a diario, dejando amplias ganancias a quienes están detrás de toda la red. 

Pero Corabastos es tan solo la punta del iceberg de un problema que ha permeado gran parte del país, especialmente ciudades como Cúcuta, Cali, Barranquilla, Ibagué, Popayán, Bucaramanga y Medellín. El ‘modus operandi’ de las organizaciones que actúan en estos territorios es diferente, por lo que incluso apuntan a amas de casa, taxistas y vendedores ambulantes en algunos casos. 

Si bien no se tienen cálculos sobre cuántos ciudadanos acceden a este tipo de préstamos por la naturaleza de su informalidad, un estudio de la Universidad Central detalla que se podrían mover poco más de $2.800 millones al día, lo que representa alrededor de $84.000 millones mensuales (US$21 millones). 

Caracterización

En Colombia el Código Penal establece, en su artículo 335, que quien cobre a cambio de un préstamo de dinero más de 1,5 veces el interés bancario corriente que estén cobrando los bancos, está incurriendo en un delito. Para mayo la tasa de usura se elevó a 29,57% efectivo anual, por lo que un cobro de entre 10% al 20% mensual entra el marco de la ilegalidad, tal y como lo han confirmado las autoridades. 

Forbes consultó con la Fiscalía General de la Nación para conocer detalles sobre la caracterización que tienen los ‘gota a gota’ en Colombia, así como cuántas denuncias se han recibido por el delito de extorsión. El ente judicial le confirmó a esta revista que entre 2017 y mayo de 2022 lograron impactar tres organizaciones criminales relacionadas con esta modalidad, en las que se obtuvo la captura e imputación de 23 personas por los delitos de lavado de activos y enriquecimiento ilícito de particulares. 

“Bajo esta modalidad de microcréditos, estas redes delincuenciales lograron introducir a la economía formal un monto de $22.200 millones aproximadamente, entre dinero en efectivo, bienes muebles y bienes inmuebles”, respondió la Fiscalía a través de un cuestionario. 

Corabastos en Bogotá. Foto: Guillermo Legaria/Getty Images

De acuerdo con el material probatorio, el ente judicial determinó, por ejemplo, que una de estas organizaciones operaba de la siguiente forma: “Cuentan con unos coordinadores de rutas (mujeres), quienes son las que diariamente realizan la supervisión tanto de la colocación como del recaudo, según los clientes que maneja cada ruta”. También se asignan tareas a los hombres cobradores, “que diariamente recorren en motocicletas con el fin de realizar cobros y nuevos préstamos, y a su vez dar cuentas al cabecilla de la empresa criminal”. 

La Fiscalía ha logrado determinar que este tipo de empresas ilegales ofrecen préstamos que van desde los $100.000 hasta los $20 millones, “con intereses hasta del 20% mensual, dependiendo el tiempo en que las personas se gasten en cancelar la suma adeudada”.  Añaden que operan en los estratos más vulnerables de la sociedad, por lo que se logran ganar la confianza de los eventuales clientes, a quienes les exigen requisitos mínimos para prestarles el dinero que necesitan.

“El material de prueba da cuenta que, cuando no realizan los pagos oportunamente, son sometidas a amenazas en contra de su integridad personal y la de sus familias, así como al despojo de sus bienes muebles y hasta sus documentos de identificación personal, convirtiéndose en víctimas de extorsiones, desplazamientos, hurtos, lesiones personales y homicidios según la responsabilidad particular de cada implicado”, añaden. 

Así que el delito de usura tiene un agravante, porque está asociado a otras conductas delictivas como extorsión.

¿Un problema sin salida?

A la ecuación sobre cuáles son las posibles salidas para frenar el problema, aumentar la bancarización y promover el mayor acceso al crédito formal, se suman algunas aristas que quizás aún no están contempladas por los principales agentes de la discusión. 

Antes de la pandemia, el informe de Carga Financiera del Banco de la República detallaba que la cuota promedio a pagar a un gota a gota o una compraventa ascendía a los $269.000. La cifra, pese a que no ha sido actualizada, podría haber aumentado en los últimos tres años al considerarse que, al cierre del año pasado, casi que se duplicaron los créditos de las microempresas por esta vía. 

Así lo muestra la Encuesta de Micronegocios del Dane, en la que se puede observar que mientras en 2019 los prestamistas y el gota a gota ascendía a un 13,9% de todos los créditos solicitados por los pequeños empresarios, al cierre del año pasado esa cifra llegó al 24,4% De hecho, el préstamo formal se redujo 19,4 puntos porcentuales, una situación que prende las alarmas de quienes trabajar por fomentar la legalidad.

“Las opciones que hay para sacar a la población del gota a gota es a través de asesores de microcrédito porque gran parte del problema es la autoexclusión. Muchos sienten que no reúnen las condiciones suficientes para acceder al crédito”, comenta María Clara Hoyos, presidenta de Asomicrofinanzas. “Esta población, que tiene sus primeros créditos y llega a ciertos montos, tiene mucho más riesgo y su indicador de cartera vencida es más alto. Por eso es importante que el Gobierno tenga conciencia y pueda compartir el riesgo”.

Hoyos entiende el problema, pero asegura que parte de la solución está en ofrecer mayores garantías a los bancos. Esa misma opinión la comparte Hernando José Gómez, presidente de la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria), quien detalla que trabajan para continuar impulsando “las garantías mobiliarias para los pequeños empresarios”. Además, fortalecer el Fondo Nacional de Garantías (FNG)”, que, en sus palabras, “se ha convertido en un aliado clave para la recuperación económica y el acceso al crédito, y que podría ofrecer garantías subsidiadas para los micro, pequeños y medianos empresarios”.

El líder gremial añade que los actores de la discusión deben trabajar en fórmulas de score crediticio alternativo. “En un país donde la falta de información también es una barrera para acceder al crédito, contar con data alternativa y de fuentes no tradicionales que complementen los datos que tiene el sector financiero permitirá analizar mejor a los consumidores y mejorar la oferta para segmentos desatendidos”. 

A quienes están en la calle, en los pequeños negocios o viven del día a día como Sergio*, otro comerciante de Corabastos, no los convence estos esfuerzos. Más allá de pensar qué falta para incentivar la formalidad, detalla que es necesario que la pedagogía llegue a sus casas, con opciones atractivas de financiamiento.  El motivo obedece a que, según cuenta, hay personas que trabajan como prestamistas en dicha central cobrando entre un 2% a un 4% de interés mensual.

A su vez, explica que se trata de negocios legales, que se construyeron gracias a personas que lograron acumular capital y poner al servicio ese dinero. “Llegaron a crear bancos en abastos. Hay uno que se llama Bandireh y son una empresa grande y de confianza”, cuenta, a lo que añade: “Digamos, en mi caso, yo ahorro $50.000 diarios”. 

Así como una cuenta de ahorros o un CDT, este tipo de opciones informales son bien vistas por decenas de comerciantes en esa zona del país. Dice Sergio que ahorra a diario y al final del año le entregan el acumulado. “Solo imagínese cuántas personas no ahorraran plata. Ellos trabajan con la misma plata de todos. He visto que en el puesto de al lado un señor ahorra $800.000 diarios”, destaca el joven, quien agrega que tienen hasta oficinas legales en Corabastos. 

Por: FORBES