La pandemia ha causado cambios estructurales permanentes en las empresas.

En los últimos 12 meses acontecimientos excepcionales han alterado el panorama económico de los países y el funcionamiento de las instituciones. La pandemia ha impulsado profundos cambios en las lógicas laborales que, a pesar de que fueron impuestos por una situación de crisis, han fomentado avances a nivel tecnológico y social que permanecerán incluso cuando el COVID-19 quede en el pasado.  

Según la consultora Grant Thornton, líderes de distintas marcas reconocen que los cambios producidos por la pandemia no son totalmente novedosos. Más bien se ha tratado de una aceleración de tendencias y actitudes que estaban vigentes en algunos sectores desde hace años, como el fomento al trabajo flexible, la importancia de la diversidad en los equipos y la necesidad de un liderazgo más empático y transparente.

Quizás una de las transformaciones más evidentes ha sido la masiva migración a modalidades de trabajo remoto o home office. Muchas empresas de distintos tamaños y rubros han optado por digitalizar sus procesos, crear su sitio web propio a través de proveedores de hosting y establecer canales de compra virtual. De ese modo, posibilitaron que sus empleados trabajen a través de dispositivos conectados a Internet, sin la necesidad de acudir a un espacio físico y desde la seguridad de sus hogares. 

Otro gran cambio tuvo que ver con otorgar mayor valor al componente afectivo en los vínculos laborales, repensar el rol de líder y aumentar la participación de los miembros.

“Si algo nos ha enseñado el tremendo 2020 que vivimos es que los aspectos psicosociales en la empresa son importantísimos. Es clave preguntar a los equipos cómo están, cómo se

encuentran, qué se espera de ellos, porque ante un esquema de trabajo remoto es imprescindible que el empleado sienta la cercanía de su empresa, que se le escuche y se le tenga en cuenta más que nunca”, explica Aurora Sanz, socia de Grant Thornton.

Los directivos han tenido que asumir roles de liderazgo y brindar estabilidad en momentos de total incertidumbre. Fue necesario que adopten enfoques centrados en la empatía, la escucha y la comprensión de las situaciones particulares de sus subordinados. Es posible hablar de un nuevo estilo de liderazgo que se ha puesto de manifiesto durante esta crisis que todavía seguimos viviendo: más social, empático y comunicativo. El nuevo líder motiva cambios positivos, es inclusivo y crea un ambiente colaborativo donde las personas se sienten seguras para poder aportar ideas. 

Esto se refleja en una encuesta realizada a más de diez mil empresas, en la que los tres rasgos señalados como fundamentales para los directivos fueron la adaptabilidad al cambio (55%), la innovación (40%) y la empatía (32%)

En conclusión, el contexto pandémico ha impuesto esquemas laborales más flexibles, nuevos modelos de liderazgo y una cultura laboral más diversa e inclusiva. Además, ha concentrado en pocos meses una evolución tecnológica equivalente a años. De las empresas depende ser ágiles y adoptar una visión de futuro para no quedarse atrás en la nueva normalidad que ha venido para quedarse.