¿Por qué la red Swift es clave en la guerra entre Rusia y Ucrania?

Lo aislaron de la red Swift, clave en operaciones financieras. Ucrania pasó una noche de terror por los bombardeos.

Este domingo Ucrania completa cuatro días desde que el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó una invasión a sangre y fuego sobre su territorio, una operación militar que según cálculos del gobierno ucraniano ha dejado 198 civiles muertos, incluidos tres niños. Europa y Estados Unidos, sin embargo, le dieron un golpe a la mesa en la tarde de este sábado y le impusieron a Rusia una de las sanciones económicas más duras que están en capacidad de tomar: sacaron a algunos de sus bancos de la red Swift.

Se trata de uno de los pilares del sistema financiero mundial. Sirve para que más de 11.000 bancos de 200 países hagan transacciones internacionales y es una forma segura de hacer negocios de alto calado.

Los países occidentales informaron que acompañarán la sanción con “medidas restrictivas” al banco central de Rusia, con el objetivo de asfixiar aún más al gobierno Putin. “Esto garantizará que esos bancos queden desconectados del sistema financiero internacional y alterará su capacidad para operar globalmente”, señalaron a través de un comunicado conjunto los gobiernos de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá.

De acuerdo con el analista ruso Vladimir Rouvinski, Putin arrinconó a Europa y a Estados Unidos y los obligó a tomar una decisión que también les trae profundas consecuencias para sus propias economías.

La ecuación era la siguiente: si Putin no recibía castigos suficientemente duros, iba a abrir una caja de Pandora, pues los Estados autoritarios con miras expansionistas podrían seguir el ejemplo de Rusia e invadir a otros países sin miedo a repercusiones graves. “Occidente entendió que el mundo que había antes de la guerra entre Rusia y Ucrania dejó de existir”, concluyó Rouvinski.

Los efectos de la medida

El analista anotó que la desconexión de la red Swift de algunos de los bancos rusos tendrá dos consecuencias para Putin, una económica y otra política.

De un lado, sostuvo que las capacidades económicas del Gobierno ruso se verán duramente limitadas de forma inmediata. Esto se debe, sobre todo, a que la guerra es muy costosa. Más aún, porque se trata de una avanzada muy ambiciosa. Según funcionarios ucranianos, hay más de 100.000 soldados rusos en su territorio.

Rouvinski apuntó que Rusia está usando un fondo que estaba destinado a proyectos de desarrollo de infraestructura para financiar la invasión a Ucrania. “¿Cuál es el problema con esta plata? Que sin Swift no tiene sentido, porque no pueden hacer transacciones”, explicó.

La segunda consecuencia tiene que ver con la situación política interna de Rusia. Aunque Putin ha reprimido con ferocidad las manifestaciones que se han dado en su contra en los últimos días, Rouvinski señala que el impacto económico directo que van a tener las sanciones en la economía doméstica podría despertar un fuerte descontento social.

“Muchos de los rusos tienen la percepción de que no está pasando nada grave. Pero con la caída del Swift, va a caer todo, ya están cayendo los bancos, ya hay filas enormes en los cajeros automáticos. Esto es algo que a Putin obviamente no le conviene”, sostuvo el analista, quien señaló que el mandatario ruso estaba esperando sanciones parciales.

Estas medidas contra Rusia, sin embargo, también le duelen al resto de Europa. Y esa es una de las razones por las cuales las potencias de la UE se demoraron tanto en actuar con contundencia. Entre otras cosas, Rusia es uno de los principales proveedores de gas del viejo continente. Sacarlo del Swift les augura un duro invierno a los europeos.

“Tienen que escoger entre la posibilidad de una tercera guerra mundial o quedarse sin gas”, sentenció Rouvinski, quien señaló que ya se están buscando alternativas con países como Japón.

La guerra se recrudece

Este sábado el gobierno ruso ordenó a su Ejército aumentar la ofensiva en todas las direcciones de Ucrania. Según funcionarios de Estados Unidos, la invasión rusa está avanzando desde tres frentes. Uno parte desde Bielorrusia, cuyo gobierno es aliado de Putin, otro desde la ciudad rusa de Bélgorod y uno más desde Crimea, que hasta 2014 era considerado territorio soberano de Ucrania, pero fue anexionado por Rusia.

Aunque en la noche del viernes los ataques de Rusia amainaron, las versiones sobre ese freno repentino fueron diametralmente opuestas. Ucrania y las potencias occidentales señalaron que habían torpedeado los planes de Rusia. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, sostuvo que el esfuerzo de su Ejército y de su gente “descarriló” la invasión y evitó que se tomaran Kiev. El Péntagono incluso se atrevió a señalar que las tropas rusas estaban “frustradas” porque no estaban avanzando.

Rusia, en cambio, dijo que redujo la intensidad de su incursión militar para esperar la respuesta del gobierno ucraniano a una posible negociación. Pero después de acusar al gobierno de Zelenski de negarse a dialogar, reanudó los ataques.

El mandatario ucraniano contradijo estas afirmaciones y dijo que Rusia estaba planteando una negociación sin salidas para el gobierno ucraniano.

En todo caso, Zelenski está cercado. Lleva cuatro días de combates con un ejército que es cinco veces superior al suyo en número de hombres, con un país que invierte al menos 45.800 millones de dólares en Defensa, muy por encima de los 4.300 millones que le alcanzan al presupuesto de Kiev para mejorar sus tropas. Ucrania no sabe si en agosto podrá celebrar el aniversario número 31 de su independencia de la Unión Soviética.

Mientras tanto, Europa y Estados Unidos han cooperado con armas, insumos médicos, dinero e incluso con refugio, en el caso de Polonia, que ha recibido miles de ucranianos en estos cuatro días (ver recuadro).

El juego geopolítico

El impacto de todo esto aún es difícil de cuantificar, pero es evidente que cambiará la política internacional como se le conoce hasta ahora. Arlene Tickner, profesora de relaciones internacionales de la Universidad del Rosario, dijo que lo que está sucediendo es la “reconfiguración del poder global que aún está en curso”.

La crisis ha reflejado con claridad cómo Estados Unidos, pese a que ha tenido un papel protagónico en las tensiones, se ha debilitado en el ámbito internacional. Para Ricardo Abello, abogado experto en derecho Internacional, Joe Biden no ha logrado reponerse del manejo que dio Donald Trump a los asuntos externos de la Casa Blanca. El republicano dejó claro que lo que pasaba hacia afuera no era prioritario para su administración.

Eso sí, en caso de que alguno de los países miembros de la OTAN fuera agredido por Moscú, Estados Unidos ya advirtió que habría respuesta militar, pero no habló de usar su poder nuclear.

La incursión militar de Rusia contra Ucrania no es nueva. En Chechenia (1999), Georgia (2008) y Crimea (2014), Moscú ya había cometido ofensivas para recuperar territorio alguna vez perteneciente a la Unión Soviética.

La primera invasión comenzó el 7 de agosto de 2008, coincidiendo con los Juegos Olímpicos de Pekín y generando molestia a China. Por eso, se dice que en el caso de Crimea, la explosión de la crisis ocurrió el 23 de febrero de 2014, el último día de los Juegos Olímpicos de Invierno, en Sochi, Rusia, para evitar molestias con el país vecino. Lo mismo pasó con la invasión a Kiev: con los Olímpicos de Beijing concluidos el pasado 20 de febrero, Putin atacó en la madrugada del 24 febrero.

Bajo la misma lógica, pero utilizando argumentos diferentes, Putin promovió la invasión a Kiev, con poco reparo de las advertencias de Joe Biden.

Ahora, el futuro no es claro. Como dice Abello, de las guerras se sabe cómo empiezan, pero no cómo terminan.

Publicación: EL COLOMBIANO